Conmemoramos hoy, cinco años del fallecimiento de uno de los mayores formadores de músicos profesionales en la historia reciente de nuestro país.

 

Humberto Hernández-Medrano en 1996 Foto: José Zepeda; cortesía de Eduardo Soto Millán

 

México, actualmente, uno de los países con mayor número de compositores de música de concierto en el mundo, no puede explicarse sin sus grandes maestros; personajes de notable vocación pedagógica, que formaron a distintas generaciones de alumnos a lo largo de una vida consagrada a la enseñanza musical. Seguir este hilo, en el campo de la composición, es una tarea fascinante. Ya en 1996, el musicólogo Robert Stevenson, en su prólogo al Diccionario de Compositores Mexicanos de Música, de Eduardo Soto Millán,  señaló lo siguiente: «En proporción respecto del número de sus habitantes, ninguna nación puede jactarse de contar con una mayor cantidad de compositores, tanto de música de concierto como popular, más que México.»  Sólo en el campo de la composición académica, calculo cerca de trescientos compositores. Esto, a lo largo de seis generaciones, que van desde Manuel M. Ponce hasta los jóvenes recientemente egresados. 

Justo homenaje merece cada uno de estos artistas, que han hecho acompañar su actividad creativa con la enseñanza. Uno de los ejemplos más contundentes de nuestra historia reciente es el del maestro Humberto Hernández-Medrano, quien falleció hace justamente cinco años, y quien a lo largo de poco más de cuatro décadas formó a centenares de profesionales en su Taller de Estudios Polifónicos. Nació un 2 de julio de 1936 (1941, según algunas fuentes) y falleció un 13 de Febrero de 2016. Integró la primera generación de alumnos del histórico taller de composición que el gran Carlos Chávez fundó en el Conservatorio Nacional de Música en 1960. En ese año, Chávez escribió una carta a su amigo, el compositor estadounidense Aaron Copland. En dicha carta, publicada por Gloria Carmona en su Epistolario Selecto de Carlos Chávez, el autor menciona lo siguiente: “…acepté trabajar en lo que se llama un taller de composición, en el Conservatorio; está basado en el principio de que la única manera de aprender composición es componer, y sigo un orden histórico; por todo son cinco chicos, y todos muy talentosos”.  Se trataba, además de Hernández-Medrano, de Héctor Quintanar (1936-2013); Eduardo Mata (1942-1995); Leonardo Velázquez (1935-2004), quien tras una breve estancia en el taller fuera sustituido por Jorge Dájer (1926-2012); y  por último, Jesús Villaseñor (1936), el único vivo a la fecha, y autor de nada más y nada menos que veinte sinfonías. Por supuesto, a esta primera generación siguieron otras, que sin duda continuaron y continúan construyendo la historia de la música de México. 

Al terminar su ciclo en el taller de Chávez, Hernández-Medrano prosiguió sus estudios en el legendario Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, donde fue alumno de figuras como Dmitri Kabalevsky (contrapunto), de Sviatoslav Richter (música de cámara), e incluso se hizo asesorar en materia de orquestación con Dmitri Shostakóvich. 

A su regreso a México dirigió en Culiacán la Centro de Estudios de la Música (CEMUAS), el coro y la banda de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Como atestigua la maestra Carmen Leticia Borboa, dicha banda estaba integrada en su gran mayoría por alumnos y maestros de la naciente escuela. Según la tesis «Un inciso irrelevante. Génesis de una política cultural de Sinaloa, 1966-1975», del historiador Pedro Pablo Favela Astorga, esta agrupación fue reforzada por algunos músicos de la, entonces, Orquesta Sinfónica del Noroeste (OSNO), la cual venía siendo prácticamente desmantelada tras las quiebra de su patronato en 1966. En dicha tesis se deja ver que la orquesta trasladó su sede de Culiacán a Guadalajara en busca de salvaguardar su continuidad. 

 

1969, CEMUAS, Culiacán. Al fondo, la maestra Mago Corona y el maestro Hernández-Medrano.  Al frente, de izq. a der: Carmen Leticia Borboa Montoya y los hermanos Ernesto y José Isabel Quiñonez.

 

Más tarde, en 1973, Hernández-Medrano, fundó en la Ciudad de México su Taller de Estudios Polifónicos, el cual sostuvo por cuarenta y tres años hasta su muerte, y del que egresamos tantos de nosotros. En su método y sus contenidos, Hernández-Medrano sintetizó el sistema de Chávez y el histórico sistema soviético de aquella época, y en el aspecto teórico-musical llegó a ser, sin duda, uno de los más sólidos del mundo. Completamente cierto era el hecho de que aquel que finalizaba el exhaustivo programa al cabo de unos años, podía revalidar con facilidad sus estudios en prácticamente cualquier institución del mundo y exceder, con suma frecuencia, la profundidad el análisis de las grandes obras de un muy buen programa internacional de nivel licenciatura. 

En su clases acostumbraba citar alguna de las obras que había compuesto a la par de su labor pedagógica. Estaba especialmente orgulloso de su composición para dos pianos, In Memoriam Carlos Chávez, estrenada en Miami en 1989; de su Cantata para tenor solista, coro y orquesta Plegaria y Profecía, dedicada a su ex alumno Sergio Vela, estrenada en el XX Festival de Música de Morelia Miguel Bernal Jiménez; y de su Homenaje a Copland, para orquesta, cuyo estreno, en 2007,  tomó lugar dentro del Festival Internacional Cervantino al frente de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. Estas dos últimas obras fueron estrenadas por su ex alumno, el maestro Enrique Barrios, quien en el caso del Homenaje a Copland, la dirigió en varias ocasiones incluyendo su estreno en China con la Sinfónica de Beijing, así como su última audición a la fecha, en 2010, dentro del XXII Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez, al frente de la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez.

 

2008, Teatro Morelos, Morelia, Michoacán.  De izq. a der: Humberto Hernández-Medrano, Sergio Vela, Leonardo Villeda (tenor solista), Enrique Barrios (director) Foto: cortesía de Sergio Vela

 

2010, Conservatorio Nacional de Música (México).  XXII Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez. Humberto Hernández-Medrano y Miguel Salmon Del Real

 

En 1978, recibió el Águila de Tlatelolco, de la Secretaria de Relaciones Exteriores; en 1983, la Lira de Oro, del Sindicato Único de Trabajadores de la Música; en 2009, la Medalla Mozart, de la embajada de Austria en México; y en 2015, un año antes de su muerte, la SACM lo reconoció celebrando sus cincuenta años como compositor. 

Su legado vive en su obra y en cada uno de los alumnos que recibimos de él una vasta tradición a través de sus excepcionales lecciones.